lunes, 19 de enero de 2009

Como acabar de una vez por todas con la cultura

Saludos a todo el mundo. ¿A que mola el título de la entrada? Pues da la casualidad de que no se me ha ocurrido por ciencia infusa, sino porque ya hace años que me leí un libro con el mismo título. El libro en cuestión es este:



Yo tengo una versión mas antigua, cutre y desgastada. La sexta edición concretamente, en la cual también se puede ver el jeto de Woody con algunos años menos. Y aunque el señor Allen no es uno de mis escritores favoritos, y mucho menos director de cine, he de reconocerle que este libro tiene unas cuantas partes que me hacen descojonarme de lo lindo. Y es que el libro satiriza todo aquello que puede ser denominado "culto" por capítulos, nada se salva: La critica freudiana, la filosofía, las biografías, Ingmar Bergman (Autor del séptimo sello, cuya peli el tito paco y sus amiguetes se encargaron de identificarla como "obra del demonio"), el ajedrez, los espectáculos de mimo... Cada vez cosas mas retorcidas, pero no por ello menos desternillantes. Os recomiendo el libro a todos los lectores, os guste o no el señor Woody Allen.

Y tras esta pequeña publicidad gratuita... La razón del título:

No hace falta ser muy observador para darse cuenta de que la juventud hoy por hoy da puta pena... Podría contar con los dedos las personas que, cuando cursaba 2º de Bachillerato, estaban en mi curso y conocían algo mas de música que lo que dan los 40 principales, algo mas de arte que pintar con un Eddyng una firma en los retretes o algo más de literatura que la que daban para aprobar la asignatura de Lengua. Esto es, hasta cierto punto, perdonable. Quiero creer que ya habrá un momento en la vida de estas personas en las cuales les surgirá un descomunal vacío intelectual que les de pié a empezar a descubrir las facetas de la vida que habían enterrado bajo toneladas de telebasura, musibasura y librobasura. No obstante, en algún punto hay que poner un límite, así que me dedicaré a atacar, cada cierto tiempo, las que yo considero piedras angulares de la incultura, estupidez, o subnormalidad que demuestran la aplastante mayoría de mi generación (Y las que me siguen).

En este caso, atacaré directamente a esto:



Esto, amigos y amigas, aunque haya gente que no llegue a creérselo, es un móvil. Concretamente es mi primer móvil, un Trium Mars del año de la pera, que me compró mi madre cuando yo tenía mis 11 años y no lo utilizaría hasta 2 años después. El movil en sí, tenía un solo color, una agenda para 30 contactos y la posibilidad de mandar mensajes de texto. También servía como una potente arma de autodefensa, ya que para lo “pequeño” que era, pesaba bastante. Bien, desde que el móvil llegó a mis manos me di cuenta de que no me gustaba. Era un incordio llevarlo en los bolsillos, y para cuando empezaba a necesitarlo, mis compañeros de clase tenían todos sus Nokia con los que jugaban al Snake, mientras yo me comía una mierda con mi móvil cuya mayor diversión que podía provocarme consistía en cascar nueces con el. Al menos mi Trium murió con honor: Siendo propulsado contra la cabeza del gilipollas que me hacía la vida imposible en mi colegio privado de pago. Como represalia, me gané una buena somanta de palos y mi móvil destrozado, pero oye, a el le cayó un castigo, y yo tenía una excusa para que me compraran un móvil nuevo.

Hoy por hoy, si no tienes un móvil con cámara de fotos, capacidad de reproducir sonidos reales, unos 5 juegos, infrarrojos, Bluetooth y no se que mas mierdas, se te mira como un bicho raro. Me gustaría decir que la juventud es esclava de la tecnología, ¡Pero no es así! ¡Es esclava de su continua y aberrante estupidez! Por su puta culpa no puedo ver los Simpsons en la tele sin que en el intermedio me bombardeen con 20012936123 zillones de anuncios de “ENVIA MIERDA AL 5515 Y RECIBIRÁS UNA MIERDA EN TU MOVIL! ¡FARDA CON TUS COLEGAS!” Al menos creo que ya no hacen anuncios del club Zed, cuyos guiones me daban ganas de adentrarme en la red de oficinas de Antena 3 y hacerle una Creedan Darvo (A leer Azoteas de Midgar!) a su creador. Las revistas también están llenas de anuncios de imágenes, sonidos, salvapantallas, juegos y demás atrocidades a punta pala. ¡Hasta El Jueves! ¡Y eso es porque, pese a lo que podamos creer, existe una cantidad enorme de clientela para todo ese tipo de mierda! Comparado con eso, los instrumentos luminosos absurdamente inútiles que les he comprado a los chinos en los bares cuando estaba borracho son una acertada inversión de futuro. Amosnomejodas. No hablemos ya de los mensajes de texto, yo he llegado a leer algunos que ni los más habilidosos agentes de la CIA que se encargaban de localizar y resolver los códigos ocultos en los mensajes en clave de los nazis serían capaces de afrontar. Que entiendo que por ahorrar se transforme un “Porqué” en un “Xq” o prescindir de haches mudas… Pero es que hay cosas como “hstlg” que luego me traducieron en un “Hasta luego”. Joder…

En general, el móvil ha sido, si no la peor, la más popular herramienta de desnauronalizar a nuestra juventud. Seguiremos informando de mas aberraciones malignas que suponen un peligro para nuestros inocentes y vulnerables infantes.

Un saludo.

Meph.

2 comentarios:

Ukio sensei dijo...

Me recuerda a esa mierda que dicen los beatos de "El mayor logro del demonio fue convencer al hombre de que no existía".

El mayor logro de la estupidez ha sido convencer a una generación tras otra de que su vida no es un contínuo cúmulo de mediocridad y patetismo dirigido hacia ninguna parte.

Sin embargo, creo que el lenguaje sms en los móviles no es ningún atraso, sino una forma de economizar texto y tiempo. Más estúpido me parece condenar a alguien al ostracismo por su móvil, u obsesionarse en hacer perdidas a la gente solo por que si ("para que veas que me acuerdo de tí", dicen, y logran que yo me acuerde de ellos y de sus madres).

Noiry dijo...

Yo tuve un movil con 15 años o así,pero no le daba uso real y tampoco era mío, estaba por casa y me dio por rabilar con él.
Tuve que llegar a 1º de Ilustración para tener uno propiamente dicho y siempre he dicho que no me gustan. El telefono en si no me pone pero el movil... pff... tiene su utilidad, es verdad, pero, como todo, con un mal uso termina convirtiendose en un heraldo del caos y la incultura.